Posteado por: eltabernaculodedios | 12 diciembre, 2010

Dios está sobre el Arca del Testimonio

Dios está sobre el Arca del Testimonio

Cuando entraba Moisés en el Tabernáculo de reunión para hablar con Dios, oía la voz que le hablaba de encima del propiciatorio que estaba sobre el Arca del testimonio, de entre los dos querubines. Así hablaba con él. Números 7:89

El santuario que Dios mandó a Moisés que construyera en el desierto contiene un mensaje maravilloso y sobremanera espiritual, que ha sido contaminado con doctrinas enseñadas por hombres dirigidos por su dios, el padre de la Mentira.

La Palabra de Dios, su Verdad, no podrá ser destruida, y permanecerá para siempre. A través de su Santuario (Eze. 37:26) el Dios del cielo y de la tierra ha enviado un mensaje de amor, misericordia y justicia eternos. Por esta razón, Dios le dijo a Moisés: El santuario y todo su mobiliario deberán ser una réplica exacta del modelo que yo te mostraré (Éxodo 25:9).

Su Palabra nos enseña que el propósito que Dios tuvo al ordenar la construcción de un santuario en la tierra, en medio del desierto, fue habitar entre su pueblo (Exo. 25:8). ¿Por qué tenía que ser construido en medio del desierto? Porque el desierto es símbolo de desolación, de vacío, sequedales, e inhabitable. El desierto simboliza el estado espiritual en que se encontraba el pueblo de Dios, cuando Dios decidió morar en medio de ellos. Los cuatrocientos treinta años de esclavitud egipcia convirtieron al pueblo de Dios en un terreno desértico, pues fueron contaminados con la mentira del paganismo y la idolatría, manifestada a través del becerro de oro.

Detengámos a escudriñar el mensaje que Dios nos reveló sobre el arca del testimonio, el cual estaba ubicado en el Lugar Santísimo, detrás de la cortina o velo. Dios le dio unas instrucciones claras y muy específicas a Moisés con respecto al oficio que realizaba el Sumo Sacerdote cada año en este lugar. Veamos:
Le dijo el SEÑOR a Moisés: «Dile a tu hermano Aarón que no entre a cualquier hora en la parte del santuario que está detrás de la cortina, es decir, delante del propiciatorio que está sobre el arca, no sea que muera cuando yo aparezca en la nube por encima del propiciatorio. (Levítico 16:2).

1. La visibilidad del Lugar Santísimo, donde se manifestaba la presencia de Dios, estaba protegida por un velo.
2. Sobre el arca del testimonio estaba el propiciatorio. ¨ Desde la parte superior del propiciatorio te daré todas las instrucciones que habrás de comunicarles a los israelitas (vers. 22).
3. Por encima del propiciatorio, se manifestaba la presencia de Dios en forma de nube.

Antes de que se construyera el Santuario, Moisés había subido a la cumbre del Monte Sinaí para recibir el mensaje que Dios tenía para el pueblo (Exo. 24:18). Y mientras Dios hablaba con Moisés desde el Monte, el pueblo construyó su propio dios en la imagen de un becerro. ¨Tienes que hacernos dioses que marchen al frente de nosotros¨, dijo el pueblo a Aarón. Y Aaron formó el becerro, tomando de ellos los tesoros traídos de Egipto, los cuales fundió en el fuego. El pueblo se hizo su propia imagen de Dios, y levantaron un altar delante de la imagen (Exo. 32:5).

La Palabra de Dios traza la evidencia de cómo Dios se le había manifestado a este pueblo de diferentes maneras, pero éste era un pueblo duro de cerviz. A través del santuario, Dios se les manifestaría de una manera que trascendería el tiempo y el espacio. Dios le dijo a Moisés:
Yo me reuniré allí contigo en medio de los dos querubines que están sobre el arca del pacto. Desde la parte superior del propiciatorio te daré todas las instrucciones que habrás de comunicarles a los israelitas. Éxodo 25:22.

Después de que el pueblo edificó imágenes de sus propios dioses, a través de aquel becerro y de los otros becerros que levantaron (1 Reyes 12:28), Dios sacó el tabernáculo de entre el pueblo y le cambió su nombre.
Y Moisés tomó el tabernáculo, y extendiólo fuera del campo, lejos del campo, y llamólo el Tabernáculo del Testimonio. Y fue, que cualquiera que requería a Jehová, salía al tabernáculo del testimonio, que estaba fuera del campo. Éxodo 33:7 . A partir de este momento, en la historia del pueblo de Dios, ningún templo hecho por mano humana podrá ser habitación de Dios o lugar donde el Creador de todos los mundos existentes morará.

Cuando Salomón construyó el templo más majestuoso y esplendoroso que haya existido sobre la tierra, Dios habló a través de Salomón, declarando la siguiente palabra:
»Pero ¿será posible que tú, Dios mío, habites en la tierra con la humanidad? Si los cielos, por altos que sean, no pueden contenerte, ¡mucho menos este templo que he construido! 2 Crónicas 6:18. ¨ Así dice el SEÑOR: «El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies. ¿Qué casa me pueden construir? ¿Qué morada me pueden ofrecer? (Isaías 66:1).

El testimonio de Dios es la Verdad de su reino eterno. El arca del testimonio y su cubierta, el propiciatorio, representó a Jesucristo. En El habitará Dios para siempre, aunque los impíos lo miren con hostilidad y lo aborrezcan (Juan 15:25). ¿Por qué miráis con hostilidad, montes altos, al monte que deseó Dios para su morada? Ciertamente Jehová habitará en él para siempre (Salmo 68:16). Sobre su Hijo, Dios puso el testimonio de la verdad de su reino. El Padre y el Hijo sellaron el pacto de la Verdad, la cual trajo libertad a los cautivos. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación: Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, (2 Corintios 5:18-20).

En el libro de Hebreos, desfilan en una galería los siervos de Dios, que una vez estuvieron cautivos, pero fueron libertados por la fe en la promesa de ese pacto, porque se mantuvieron mirando al Invisible. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor (Hebreos 11:39-40).

Muchos siglos después, Dios cumplió la promesa del Mesías prometido. Envió su Verdad para abrirle a su pueblo un nuevo camino hacia El (Hebreos 10:20). El Arca del Testimonio y la Propiciación por nuestros pecados estaba entre los hombres. ¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta? Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados ( Isaías 43:19) . Dios es amor y su Justicia y Verdad, el fundamento de su trono. En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados ( 1 Juan 4:10).

Dios envió a su Hijo y puso su Espíritu de Verdad sobre El para Testimonio a los que habíamos de creer: porque el testimonio de Dios vale mucho más, precisamente porque es el testimonio de Dios, que él ha dado acerca de su Hijo (1 Juan 5:9).

Únicamente, a través de Jesús, testimonio de la Verdad del Padre, pudo enviar Dios, la Verdad sin contaminación a su pueblo. La suma de tus palabras es la verdad; tus rectos juicios permanecen para siempre (Salmos 119:160).

Nadie podrá contaminar el testimonio de Dios, que es la Palabra de Verdad a través del Hijo (Juan 14:10). Por esta razón el Hijo, declaró: Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta; juzgo sólo según lo que oigo, y mi juicio es justo, pues no busco hacer mi propia voluntad sino cumplir la voluntad del que me envió. Si yo testifico en mi favor, ese testimonio no es válido. ( Juan 5:30-31).
Dios luchó con Satanás en el cielo, pero Dios lo arrojó de allí y lo puso junto con su ejército en prisiones eternas (Judas 1:6) hasta el día del gran juicio. Entonces Satanás se enfrentó al testimonio de la Verdad del reino de Dios justamente en el desierto (Mateo 4, Lucas 4). Allí, la Verdad venció nuevamente frente a la Mentira. Dios le infringió una herida en la cabeza al reino de Satanás cuando resucitó a Jesucristo de entre los muertos (Hechos 2:32), venciendo así la muerte eterna. En el momento de la resurrección de Jesús, el Testimonio de la Verdad de Dios fue confirmado y comenzó el juicio de todos los que se oponen a la Verdad, a la Palabra de Dios, comenzando con Satanás (Juan 12:31) ¨ Por la palabra y el agua, el mundo de aquel entonces pereció inundado. Y ahora, por esa misma Palabra, el cielo y la tierra están guardados para el fuego, reservados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos¨ (2 Pedro 3:6-8).

Jesucristo cumplió la misión de su Dios (Juan 20:17) de revelársele al mundo como su Enviado, pero estuvo también en medio del desierto, rodeado de la idolatría, la mentira y el engaño. A través de su Verdad, Dios desenmascaró la mentira del Enemigo, y le devolvió la libertad a su pueblo. Jesucristo, el Verbo de Dios hecho carne, su Palabra de Verdad, habitó entre los hombres para testimonio a todo aquel que cree (Juan 3:16). Por esta razón el Espíritu de Cristo (Rom. 8:9) le reveló a Juan el final de este testimonio. Veamos:

La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder presto; y la declaró, enviándola por su ángel a Juan su siervo, El cual ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto (Apoc. 1).

1. El libro de las revelaciones dadas a Juan, establece desde el inicio, que la revelación es la que Dios le dio a Jesucristo.
2. Juan fue testigo del testimonio de la Verdad.
3. El testimonio de la Verdad es Jesucristo.
4. El Espíritu de la profecía que salió de la boca del Padre (Mateo 4:4) es el testimonio de su Hijo.
Los primeros mártires dieron su vida por este testimonio, porque recibieron el testimonio del Hijo. Entre ellos, Juan. ¨Y cuando él abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido muertos por la Palabra de Dios y por el testimonio que ellos tenían. (Apocalipsis 6:9). Juan profetizó aquí su propia muerte, sin saberlo. El libro de Apocalipsis finaliza con la siguiente declaración: El que da testimonio de estas cosas, dice: Ciertamente, vengo en breve. Amén, sea así. Ven: Señor Jesús ( Apocalipsis 22:20).
Jesucristo, el Espíritu de Verdad (Juan 14:17), enviado por Dios, pronto vendrá en la gloria de su Padre (Mateo 16:27) para recoger la gran cosecha de todos los que hemos recibido su testimonio. Si has permitido que la semilla de la Verdad nazca y dé fruto en tu vida (Juan 15:8), serás parte de esa gran cosecha. Porque habrá simiente de paz: la vid dará su fruto, la tierra, su producto, y los cielos, su rocío; y haré que el resto de este pueblo posea todo esto. Zacarías 8:12

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